En 1995, Daniel Goleman y otros investigadores fundaron una organización dedicada a investigar la influencia de diferentes factores en la educación. Entienden la educación como el acompañamiento a los niños en un proceso de integración y desarrollo a diferentes niveles, que les ayude a vivirse más integrados y de una forma más plena y feliz. Este tipo de educación se apoya en el desarrollo de cuatro aspectos básicos:

– Una mayor autoconciencia: fundamentalmente ser capaces de identificar los pensamientos y los sentimientos, y darse cuenta de cómo influyen en las decisiones y en las acciones. También aprender a identificar y comprender los pensamientos y los sentimientos de los demás, para ser empáticos y capaces de ponerse en el lugar de los otros.

– Una buena capacidad de autogestión: supone aprender a relacionarse con las emociones de forma facilitadora en vez de limitante. Esto favorece la claridad para elegir metas y objetivos y para afrontar constructivamente los obstáculos que se presenten.

– Ser capaces de tomar decisiones de forma responsable: a partir del entrenamiento en generar, ejecutar y evaluar soluciones a los problemas, considerando las consecuencias para sí mismo y para los demás.

– Desarrollar habilidades interpersonales: que permitirán hacer frente a las presiones de grupo, y resolver los conflictos con asertividad. De este modo las relaciones interpersonales serán sanas y gratificantes.

El aprendizaje de estas habilidades repercute no sólo en la escuela, sino en todos los aspectos vitales. Parece que los jóvenes que las poseen son más felices, tienen más confianza en sí mismos y son más competentes como estudiantes, miembros de su familia, amigos y trabajadores. Y todo apunta a que tienen menor predisposición al abuso de drogas o alcohol, la depresión o la violencia.