Introducir a los niños en las prácticas Mindfulness es una de las posibilidades de educar para la felicidad, y no tan solo para obtener determinado currículum académico. Mediante juegos, actividades o canciones, podemos introducir la práctica Mindfulness y cultivar este modo de “ser” desde los primeros años.

Los niños tienen más facilidad para estar centrados en el presente que los adultos. Experimentan todo por primera vez, en la más pura expresión de lo que llamamos “mente de principiante”. Viven momento a momento, reaccionan emocionalmente y luego rápidamente lo dejan ir y pasan a la siguiente experiencia. Si observamos la rabieta de un niño, veremos que al minuto siguiente está jugando y aquello pasó. Sin embargo las apretadas agendas de muchos de nuestros niños, el exceso de estimulación, el consumismo o el abuso de las tecnologías entre otros factores, pueden llevarles a funcionar de forma bastante automática, desconectándose del momento presente, exactamente igual que los adultos.

La práctica de atención plena para niños no es significativamente diferente de la que realizan los adultos. Los ejercicios pueden adaptarse fácilmente a las diferentes edades y características concretas. Como el pensamiento de los niños es más concreto, las prácticas que les propongamos habrán de ser especialmente claras y concretas. Además se desarrollan en clave lúdica, huyendo de cualquier planteamiento serio y aburrido.