La resiliencia permite la construcción de nuevas rutas neuronales.

¿Qué significa Resiliencia?

La palabra resiliencia tiene su origen en el idioma latín, deriva del vocablo resilio, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar.

La incorporación de este concepto a las ciencias sociales y de la salud es relativamente reciente. Inicialmente, la resiliencia fue definida como la habilidad para desarrollar una adaptación exitosa en un individuo expuesto a factores biológicos de riesgo o eventos de vida estresantes. En forma adicional, la resiliencia implica también la habilidad de continuar con una baja susceptibilidad a futuros estresores.

Las ciencias sociales utilizaron el concepto de resiliencia para caracterizar a aquellas personas que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanas y exitosas. Posteriormente, la resiliencia fue definida como la habilidad para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva. En la actualidad, se denomina resiliencia a la habilidad individual para prosperar ante el desafío de una experiencia estresante y/o traumática.

Las ciencias de la salud han incorporado el término resiliencia, y para describir una serie de procesos complejos que intervienen en la puesta en funcionamiento de los mecanismos biológicos responsables de la resiliencia de un individuo.

Desde el punto de vista de la biología y de la neurociencia, el cerebro es el órgano ejecutor central del sistema biológico responsable de la resiliencia y el encargado de regular los mecanismos neurobiológicos, cognitivos y psicológicos del individuo vinculados con la respuesta al estrés y la resiliencia.

Teniendo en cuenta éste marco, el estrés podría definirse como el conjunto de respuestas de un organismo frente a los cambios y estímulos que atentan contra la homeostasis (equilibrio dinámico). Si bien en un principio el estrés constituye un mecanismo fisiológico necesario, especialmente durante la etapa aguda (estrés agudo), el estrés crónico induce alteraciones en el cerebro y en el funcionamiento de todo el organismo.

En íntima relación con el concepto de estrés, aparece el término alostasis, que es el proceso activo mediante el cual el organismo responde a los cambios diarios, manteniendo la homeostasis o equilibrio dinámico. Cuando la magnitud de los cambios supera la capacidad adaptativa del sistema (aumento de la carga alostática), el cerebro y el cuerpo pueden sufrir consecuencias a nivel de las funciones fisiológicas, psicológicas y conductuales.

Podemos entonces considerar a la resiliencia como una función o propiedad compleja de los sistemas biológicos, que opera en los diferentes niveles o sistemas de organización de los seres vivos (desde el nivel molecular y celular hasta el nivel social y de adaptación ambiental). La resiliencia permite al organismo adaptarse a las situaciones y a los cambios permanentes, por un lado, mantiene la homeostasis de las funciones biológicas principales, y por el otro, hace posible que el sistema regrese a un estado previo de funcionamiento fisiológico y adaptativo, cuando un factor estresante provoca daño o alteración.

¿Qué relación tiene la resiliencia con el SNC y el estrés?

El cerebro es el órgano central en la elaboración y la ejecución de la respuesta al estrés, y por lo tanto, el responsable de la puesta en marcha y delcontrol regulatorio de los mecanismos de resiliencia.

El cerebro permite al organismo percibir un conjunto de estímulos y responder a posterioria los distintos tipos de estímulos estresantes (ambientales y biológicos), determinando tanto respuestas fisiológicas como conductas complejas propias del ser humano. El cerebro se encarga de implementar todas las funciones vitales (cardiovasculares, hormonales, metabólicas, inmunológicas, etc.) y se autorregula al inducir, por su propio funcionamiento, cambios en la plasticidad cerebral (mecanismo neurobiológico del aprendizaje).

Todas estas respuestas comandadas por el cerebro (alostasis) tienen la función adaptativa de mantener el equilibrio dinámico. Sin embargo, ante la exposición crónica y frecuente a diferentes estresores, es decir, ante situaciones de sobrecarga alostática, en individuos susceptibles se produciría una desregulación de las respuestas centrales, favoreciendo una hiperactivación de losmediadores

del estrés, con repercusiones neurobiológicas, neuroplásticas, cognitivas y conductuales.

Los cambios plásticos estructurales y funcionales propios del cerebro sano permiten la adaptación frente al estrés, posibilitando la recuperación de las funciones afectadas, lo que implica resiliencia (plasticidad adaptativa). La recuperación de la neurogénesis en el giro dentado junto con la remodelación dendrítica hipocampal constituyen los principales cambios estructurales que han sido vinculados a funciones de resiliencia.

Estos cambios estructurales se ven alterados durante el estrés prolongado, lo que afectaría negativamente la resiliencia neuronal.

La noradrenalina, la serotonina y la dopamina ejercen, a través de las vías de proyección, efectos moduladores sobre la neurotransmisión central.

La noradrenalina (NA) es liberada por el locus coeruleus (LC) y está directamente relacionada con las funciones que mantienen el estado de alerta.

Como neurotransmisor principal del sistema nervioso simpático, la NA regula las funciones neurovegetativas simpáticas. La hiperactividad del LC ha sido vinculada a una mayor susceptibilidad al estrés, facilitando los estados de hipervigilancia, los estados de ansiedad crónica y la depresión. Las funciones relacionadas con la resiliencia serían entonces aquellas que reducen la actividad del LC y, por lo tanto, la actividad adrenérgica.

La serotonina es una indolamina que regula diversas funciones corticales vinculadas a la adaptación al estrés. Actúa a través de los receptores 5-HT1A mediando efectos ansiolíticos y sobre los 5-HT2, mediando efectos ansiogénicos. Una baja actividad 5-HT1A podría predisponer a la ansiedad y a la depresión, según diferentes investigaciones. Se ha demostrado que la hipercortisolemia disminuye el binding del 5-HT1A, y que una alta actividad del 5-HT1A facilita la recuperación. Los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina) y otros antidepresivos actuarían a este nivel, contrarrestando los efectos de los glucocorticoides.

La dopamina actúa directamente sobre la conducta y la respuesta al estrés, ya que regula funciones de recompensa y de motivación. El hallazgo de bajos niveles de dopamina en la corteza prefrontal y en el núcleo acumbens ha sido asociado a déficits cognitivos, ansiedad y miedo. A nivel cortical y subcortical, la dopamina está involucrada en la supresión de las crisis epilépticas, pudiendo ejercer funciones vinculadas con la resiliencia frente a este tipo de estrés.

La DHEA (dehidroepiandrosterona) es una hormona muy interesante a la hora de hablar de resiliencia, ya que ejerce una acción antiglucocorticoidea y contrarresta los efectos del cortisol, incluidos los deletéreos. Los sujetos con baja respuesta de DHEA al estrés tendrían una mayor predisposición a la depresión y al PTSD. La DHEA es una hormona especialmente vinculada con la resiliencia, y se ha demostrado que altos niveles en la relación DHEA/Cortisol pueden prevenir el PTSD.

Los estrógenos disminuyen la actividad del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal. Sin embargo, la exposición a largo plazo podría reducir el binding de 5-HT1A y aumentar el riesgo de depresión y ansiedad (efecto dual de los estrógenos). Por otra parte, los efectos agudos atenúan la respuesta al estrés.

Se ha demostrado que los estrógenos inducen la expresión de BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro) y NPY (neuropéptido Y), mediadores clave en la neuroplasticidad , por lo que se comportarían como neuroprotectores y favorecedores de las funciones vinculadas a la resiliencia.