Cuando hablamos de escucha activa, nos solemos trasladar al campo profesional, por ejemplo, cuando un psicólogo escucha a su paciente, pero si probamos de aplicarlo en nuestro día a día, en nuestra cotidianidad, notaremos como de repente tenemos menos peleas, menos males entendidos…como nuestros hijos, pareja, amigos y demás entorno nos lo agradecerán, y quizá hasta lleguen a tomar ejemplo de ello.

Este post, pretende familiarizar el término y llevarlo a casa, trabajarlo y hacerlo real, pero… ¿Cómo lo hago para mantener una escucha activa?

Primero, sabido pero no practicado por todos, no a estar en dos o más cosas a la vez, seamos Mindfulness, estamos escuchando a una persona determinada, pues escuchémosla “bien”, no podemos exigir a nuestros hijos que nos escuchen si cuando nos hablan no estamos ni mirándolos por ejemplo, debemos centrarnos en ella, mirarla y dejar lo que estemos haciendo (siempre que se pueda claro, si vemos que es imposible pedimos a nuestro interlocutor que nos dé el tiempo que necesitemos, pero que sea razonable claro) y estamos al 100%, en el momento presente.

Segundo, pero no menos importante, no eres tú el que habla, es la otra persona, así que dile a tu cerebro que se detenga un momento y que se dedique a escuchar al otro, a percibir lo que dice con las palabras y con los gestos, con todo el cuerpo, y lo que no dice claro, y mantenerse así hasta que termine de hablar el otro interlocutor, si estamos escuchando nuestro diálogo interno o preparamos lo que vamos a decir, no podremos apreciar realmente lo que nos dicen. Como vamos a saber que nuestro hijo está bien, por ejemplo, si cuando llega del cole le preguntamos pero sin preguntarle de verdad, quizá ha tenido una disputa o le ha sentado algo mal, pero claro como tampoco se lo preguntamos “como toca” nos pasa desapercibido… y así día tras día, acumulando sin ser nosotros conscientes, tampoco es nuestra culpa, es la sociedad rápida en la que vivimos que nos ha absorbido, pero sí que somos responsables una vez lo sabemos, si somos conscientes de ello, tenemos que solucionarlo, poner de nuestra parte, la próxima vez que pidas a alguien como está, que sea de verdad…

Finalmente, tener en cuenta dos aspectos, no juzgar ni desvalorizar, lo que nos están diciendo es importante para la otra persona, así que prestemos atención, dándole el valor necesario por nuestra parte y sin pensar si es bueno o malo, si está equivocado o no, deja hablar, quizá al final el mismo llega a otra conclusión, o no, quizá seas tú el que llegues a ella. O simplemente pensáis de manera diferente sobre un aspecto concreto, obviamente, si se tratarse de tu hijo, se debe debatir (para marcar unos límites de seguridad para ellos), pero vuelvo a incidir, una vez las dos partes hayan hablado completamente. Si tienes un hijo adolescente por ejemplo, darle un poco de margen en la negociación hace que se vuelva más responsable y lo hace ganar confianza, ya que su criterio es tenido en cuenta y valorado.

 

Contestar sin terminar de escuchar, es como hacer un pastel sin saber que necesitas. Una vez tengas todos los ingredientes harás la receta perfecta.