Cuando un niño/a nace, su cerebro necesita entender y adaptarse a los estímulos provenientes del ambiente que son “desconocidos” para sobrevivir, crecer y desarrollarse. Las relaciones que establece el ser humano, tiene doble sentido: por un lado, le permite regularse emocionalmente, crear vínculos y tener MODELOS a seguir; y por otro lado, el adulto le ayuda a regular todos sus sistemas, recibiendo de esos adultos mediadores la posibilidad de apropiarse de los estímulos adecuados en el momento correspondiente.

Ese otro/otros y las relaciones inter personales son los que van a mediar el desarrollo cerebral en los primeros años de vida de un sujeto. Sin duda alguna, eso nos permite entender que lo que hace, piensa, siente y habla un adulto a los niños/as, en una etapa de gran plasticidad neuronal, va a influenciar directa e indirectamente en la calidad de su desarrollo. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer con un sujeto tiene un impacto.