La educación consciente, es aquella que otorga el Mindfulness, puede ser ofrecida tanto a educadores como a educandos, es decir, tanto a padres y profesores como a alumnos, todos ellos pueden beneficiarse del vivir desde el momento presente, estando atentos y despiertos.

Los profesores que reciben instrucción en Mindfulness, ven reducido su estrés, padecen menos bajas por depresión o burnout, y por tanto, pueden gozar más de su faceta educativa.

Los niños, aprenden a conocerse y aceptarse, tienen herramientas para el manejo de sus emociones, mejora de la atención y rendimiento académico, entre otros.

En padres, las ventajas no son menos, ayuda a ser más conscientes y con ello a mejorar relación cabeza-corazón, para educar a nuestros hijos, deberíamos coordinar y poner coherencia entre lo que sentimos y pensamos, es decir, tener la capacidad de establecer límites racionales con amor, este binomio nos ayudará en una crianza efectiva y consciente, permitiendo al niño crecer desde su potencial propio.

La propuesta que se ofrece desde aquí, es meditar también educando, respirarse y vivirse desde el disfrute de ser padres, de disfrutar y aprender de un hijo día a día, gozar de sus avances, aprender juntos de los tropiezos y dificultades, también, saber vivirse desde la sombra de la paternidad, los momentos malos, las críticas, los miedos, todo aquello que es parte del proceso y que nos da paso a pruebas continuas de crecimiento y superación.

Pero…¿Cómo llevar a cabo este proceso?

Educar como guías y no como seres superiores, ponernos a su altura y desde allí acompañar y guiar en su desarrollo y crecimiento, para hablarles, también es efectivo hacerlo desde su mismo nivel (de manera literal) para que comprendan mejor lo que les queremos decir.

Como se ha comentado antes, aprender de nuestros hijos a diario, siempre nos enseñarán alguna lección extraordinaria, o como mínimo si estamos abiertos a su comprensión, con mirada de principiante, veremos las cosas desde dos puntos de vista, y no solo desde el nuestro.

Deben sentirse amados y respetados, aprenden lo que ven, si proyectamos amor, y los miramos y hacemos sentir así, ellos nos lo devolverán sin ser casi conscientes.

Establecer límites racionales y rutinas, que fomenten una base de seguridad y estabilidad, estos tienen que ser equitativos a la edad del niño e ir desarrollándose a la vez que se vaya creciendo y evolucionando. Estas rutinas y limites van a crear, aunque a priori pueda parecer lo contrario vínculos con nuestro hijo, vínculos que van a crear una relación saludable y amorosa.

Y finalmente, ofrecerles tiempo de calidad, si estamos con nuestros niños, hay que estar con ellos, saquemos a pasear a nuestro niño interior y juguemos, bailemos, pintemos, que se sientan acompañados y queridos, vivir desde aquí y ahora, saboreando el momento, eso es…Mindfulness.

Si quieres… te propongo que te tomes unos minutos para pensar desde donde estas educando, si desde su nivel, si desde un nivel superior o por contra, desde uno inferior… piensa en como esta afectando esto en vuestra relación y de que manera podeis sentiros mejor,

Un abrazo consciente.