Vivimos en un mundo en donde la “dependencia emocional” es la base donde se sientan la mayoría de las relaciones, ya sean de pareja, padres, hijos, amigos…

Esto nos lleva a un sufrir constante, sentimos el enganche y de hecho no sabemos como soltarlo.

En lugar de mirar a nuestro interior e intentar descubrir que nos está diciendo nuestro cuerpo y nuestra mente, buscamos el camino más fácil proyectando fuera nuestras necesidades, esperando siempre que la otra persona llene nuestros vacíos internos.

Es muy fácil ver relaciones con los hijos, donde los padres buscan apoyarse en ellos durante toda su infancia, llenando así su vacío emocional…pero ¿que pasa cuando estos hijos se van a la universidad por ejemplo?

“El Síndrome del nido vacío” explica perfectamente lo que les sucede a estos padres, llegando a sentirse solos, tristes y en casos extremos llegando a ser diagnosticados de depresión.

Sin ir más lejos, las relaciones de pareja también funcionan así. De hecho, de ahí vienen los miles de conflictos que tienen hoy en día los que un día se sintieron completamente enamorados y felices. Se comprometieron con “la carga” de tener que hacer feliz al otro y en cuanto eso deja de cumplirse es cuando se rompe la magia.

Tenemos tan enraizado en nuestro inconsciente que “el Amor nos hace sufrir” que nos lo hemos creído y actuamos en base a ello.

Desde el mindfulness abordamos la dependencia emocional como algo que observar y trabajar con uno mismo, identificando la creencia o creencias que se tienen sobre que es el Amor y que son las relaciones.

En Mindfulkids damos especial atención a observarnos y preguntarnos:

¿Desde donde me relaciono con los demás?¿cómo me siento al hacerlo así?¿qué emociones surgen cuando espero algo de alguien?¿qué les transmito a los demás cuando actúo de manera dependiente?¿qué les estoy transmitiendo a mis hijos?¿les doy herramientas para que sean niños independientes o dependientes?